30.3.08


¿A quién nos queremos parecer?

Ayer caminaba por Palermo, está inundado de turistas. Me gusta mirarlos, escucharlos y dejarme atravesar por sus movimientos, colores, tonos, vestimentas, hasta que se devele su nacionalidad, cultura.
Mientras hacía la cola en una librería, estaban delante mío cuatro chicas, de no más veinticinco años y seguramente de Centroamérica.

La primera impresión al verlas fue: estas chicas son, a puro esfuerzo, una copia del como se debe ser. Llevaban ropa y colores casi parecidos. Los modelos son los que están en las vidrieras. Lo mismo que su peinado, los lentes de sol. Todo esto más una gestualidad que anunciaba el prototipo de chica que los medios de comunicación y la gráfica eligen por doquier como representantes de la mujer de hoy.
A partir de esta visión me pregunté cuanta energía de sus vidas ellas invertirían en parecerse y convertirse en lo que desde afuera se impone "disimuladamente". Nadie anuncia "hay que ser así", pero todos comprendemos la propuesta. Cuan larga es la distancia en relación a descubrir lo personal, lo propio.
Me inundó una pregunta ¿a quién nos queremos parecer? Y creo que la respuesta, en cada uno, es un largo silencio (mucho más extenso de lo pensable) para después de varios como si ( “yo soy como soy” “esta es mi personalidad” etc), aparece la voz desde la honestidad más profunda y nos permite, aunque solo sea, escuchar.
Escuchar todo lo que fuimos viendo y recogiendo en el camino como pautas de lo que debemos ser tanto en nuestra forma como en nuestro estilo de vida. Cada cosa que vimos, cada estímulo se han almacenado en alguna parte de nuestra. Son imágenes desde las cuales construimos, es ruido que nos separa de nuestra verdadera voz.
Simplemente poder pensar sobre esto, tomar un poco de distancia y vernos, es un paso interesante para empezar a reflexionar un poco sobre quienes somos.

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